jueves, 23 de marzo de 2017

PODER DEL ESCRITORIO.

Es difícil escaparnos. Todos somos rehenes del poder del escritorio. Y es que nadie, pero nadie, puede decir que está a salvo de lo que sucede y hacen en el gobierno; ahí donde hay un poder del escritorio, que deviene de una firma, de un sello y que, sin él o ella, nada puede avanzar. Es el poder que tiene un burócrata, a veces, incluso analfabeto, pero que es el detentador de un paso más en el proceso de la actividad administrativa.


En términos de una definición partimos de que buro es escritorio y cratos es poder; el poder del escritorio, que detentan todas las burocracias, aquí y en China, a cualquier nivel. Y es, si, por este poder, que se conoce la corrupción, de la mordida, del moche, que se tiene que dar para que salga una autorización o se autorice un permiso.


PUEDO PARAR UN AVION.
Tuve noción del poder del escritorio en mi vida estudiantil en la maestría en administración pública, allá en Monterrey. Resulta que Fernando Vázquez Alanís tuvo a su cargo la reestructuración de los servicios de salud; fui un simple analista organizacional y fue como tuve la oportunidad de entrevistar a quien era, en aquel momento, una especie de supervisor de salud.


Lo entreviste y me dijo: yo aquí soy un jefe de departamento, pero con mucho poder. Yo puedo parar, me dijo, un avión, con la sola presunción de que llevan en el equipaje un producto no autorizado o que no se requirió el permiso apropiado. Si no llevan, me dijo, el sello de mi oficina, no puede salir. Ese es mi poder y usted, con la reorganización, me lo quiere quitar.


MÁS Y MAS BUROCRACIA.
Un reportaje de El Diario, el periódico de los bien informados, hace notar que el actual gobierno estatal incremento en un 25.7% el presupuesto destinado a pago de sueldos y salarios de la burocracia. Tan solo el Poder Ejecutivo, paso de tener 14,736 empleados a 18,519. Engroso, si, el aparato administrativo, desde Secretarios, Directores, Subdirectores, Jefes de Departamento… hoy, simplemente, hay más gente trabajando que el gobierno anterior.


Es normal que así suceda. Luis Echeverría, por ejemplo, para solucionar un problema, creaba una comisión, así, comisión tras comisión, el gobierno se hacía más grande. No es, hoy en día, el caso, porque desde el principio se quejaron de que había, si, muchos aviadores –todavía los siguen buscando con lupa-, pero además, alegando duplicidad de funciones, a muchos los obligaron a renunciar, unos dicen, por ser priistas.


EL CAMBIO ES NECESARIO.
El cambio de la burocracia siempre se necesario. Cambian los objetivos, los planes, se hace necesario un cambio. Eso, incluso, lo entendió Benito Juárez, cuando sentencio que a una revolución política sigue, o debe seguir, una administrativa. La racionalización, vaya pues, se impone; racionalización que significa, reducción, no incremento, como hoy está sucediendo.


Y es que, un cambio racional, significa, en este caso: se eliminan a los aviadores, por innecesarios; se eliminan a quienes duplican funciones o actividades. SE eliminan, pues, a los innecesarios y se quedan, únicamente los indispensables. Vistos así los hechos, significa, llanamente, que el cambio administrativo actual no responde a una reforma administrativa y si a un cambio por agregación, que incrementa, no racionaliza a la planta burocrática.


Se despidió a los aviadores, se despidió a algunos porque eliminaron algunas áreas administrativas, lo que significa, en términos llanos, que crearon más y más: habrá que confrontar, si, una por una las dependencias estatales. Mal, si, que se crearan más áreas y dependencias sin ton ni son… al menos, ya se observa un incremento en la burocracia, que no siempre es positiva.


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