jueves, 19 de junio de 2014

PRIISTAS CON CLASE.

El próximo fin de semana, ni no hay contingencia de última hora, Cesar Camacho Quiroz estará nuevamente en Tamaulipas, en la capital; viene a tomar protesta a los lideres municipales en la entidad, esos que ya son –como quien dice-, los soldados de Rafael González Benavides. Se presume que el líder nacional priista, como deferencia, visite a sus correligionarios. ¿Algo quiere?

Cuando hay la visita de un líder nacional partidista, en este caso del PRI, siempre se afirma que viene a brindar apoyo; asiste como invitado de honor a un evento –de campaña o simplemente partidista-, lanza un buen mensaje, hasta hace referencias a canciones tamaulipecas, lanza elogios al gobernador y, obvio, a su partido. Se entiende que, además, tiene reuniones con el líder política y uno que otro privilegiado.

La cuestión es que, toda campaña política, se gana con votos. Y los votos, ni los promueve el líder nacional, lo hace la estructura, la base, los que hacen la talacha en las brigadas de impacto, en las reuniones con grupos sociales. En todo caso, una visita del líder nacional puede servir para estimular el ánimo, para levantar la autoestima partidista. ¿Y vaya que necesitan animo los priistas tamaulipecos!


En la práctica los priistas pueden ser divididos en tres clases: los que son parte de la cúpula, que son los que toman las decisiones políticas; otros, los que toman decisiones tanto de estrategia como de táctica, ente lo que deben incluirse a los operadores políticos; y una tercera clase de priistas son la base militante; que puede ser dividida en dos: a) Los que hacen la talacha y participan en las campañas políticas; y, b) la base militante, la que vota el día de las elecciones.


¿Por qué el PRI ha perdido terreno en Tamaulipas? No se puede negar, con senadurías, diputaciones y alcaldías que han pasado a manos de la oposición, principalmente del PAN. Al PRI en la entidad solo le falta perder la gubernatura y ese temor debe ser el motor para que los priistas, todos, trabajen en solo una ruta: lograr más cohesión interna, fortalecer la estructura y, sobre todo, trabajar para ganarse la confianza de priistas y de la sociedad en general.


La decisión crucial de un partido político está en la elección de sus candidatos. El elegido tiene que tener el visto bueno, el apoyo, de la cúpula, porque requiere apoyo político y económico; pero eso no es suficiente para ganar, requiere, además, ser bien visto por el pueblo. Si no tiene baños de pueblo, como puede pensar que el pueblo vote en su favor. Las decisiones cupulares tienen que estar conectadas con un capital social del elegido.


Ya se menciona que Mónica González García va con mucha frecuencia a Matamoros, el municipio gobernado por el PAN. Se especula que, esos viajes, esas reuniones, son parte de una estrategia para convertirla en una potencial candidata, si es para el 2015 seria la diputación, si para el 2016 la alcaldía. Si fuera cierto, sus aspiraciones son legítimas, validas. Sin embargo, ¿se da baños de pueblo? Porque su trabajo, en la Secretaría de Desarrollo Económico y Turismo, la lleva a vincularse con la elite económica, con líderes empresariales, industriales y comerciales, pero no con el pueblo. ¿Qué puede presumir, de su trabajo, que sea apoyo sustancial para el pueblo? ¿Qué puede cacarear para ser bien vista por el pueblo? Claro, si el PRI quiere recuperar Matamoros.


La clasificación de los priistas pone en evidencia que las derrotas suceden porque hay un divorcio entre la cúpula partidista, las que toma decisiones, y la base militante, la que hace talacha y además va a cada casilla a votar. Ya no hay voto duro priista y los panistas, en más de una ocasión, han sentenciado: ganamos por el voto antiPRI, no votaron a favor nuestro, lo hicieron en contra del PRI. ¿Sera cierto?


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