lunes, 26 de junio de 2017

LA ESTRATEGIA ES EL ENGAÑO.

Para muchos, desde el momento que inicio el proceso electoral anterior, lo que sucediera en el Estado de México era relevante para el 2018: si ganaba MORENA, decían, prácticamente AMLO tenía en sus manos la presidencia de la Republica; en cambio, si el PRI retenía la gubernatura –al precio que fuera-, podía tener la certeza de que aun cuenta con esperanzas de retener la presidencia en el 2018.


Los hechos, efectivamente, así lo indican: gano el PRI en el Estado de México, aunque aún falta ver el desenlace final con el resultado de las impugnaciones. Sin embargo, la elección si deja, no solo una enseñanza, varias pues, que tienen que ser tomadas en cuenta si se quiere obtener el triunfo: en el caso de MORENA, se entiende, perdió por su estrategia de soberbia.


ESTRATEGIA DE CAMPAÑA.
Hubo un tiempo, o una época, que se decía fácil: en menos que canta un gallo se construye un candidato. Eran los tiempos de que, para salir en la foto, era necesario no moverse; hoy es al revés: la estrategia ya cambio. Cuando el presidencialismo fuerte (el priista) bastaba con ser señalado por el Presidente en turno y toda la maquinaria se ponía en marcha: y el triunfo, por lo regular, era aplastante aunque en proporción inversa al abstencionismo.


Para llegar al poder antes era estar frente a la ventanilla del poder central; hoy, además de ese poder central, hay que estar en la ventanilla del Estado. Así sucedió a partir de Tomas Yarringtón… los gobernadores ya no llegaban del DF: tenían que tener presencia, capital político, en la entidad. La estrategia, de ser central pasó a ser local, pero con el mismo ingrediente: dinero, para ganar la elección.


LA ESTRATEGIA POLITICA.
Cuando al PRI ya no le resulto suficiente ganar con el dinero, porque ya había empezado a perder alcaldías, diputaciones, gobernadores se manejó que el punto central de una campaña política era la estrategia; es decir, combinar una seria de elementos o factores, de tal suerte que, al final, el resultado fuera un triunfo electoral. De ahí, si, las encuestas, el marketing políticos, los mensajes políticos… pero sobre todo, la coyuntura de formar coaliciones.


La estrategia tiene elementos o puntos de partida: el candidato, que debe tener carisma, no caer mal a la gente y no tener fama de corrupto; conocer el posicionamiento del candidato y a partir de ahí, con mensajes excluyentes, ir paso a paso en busca de los electores, que tienen distinto interés y expectativas. Dicho en otras palabras, que no tenga cola que le pisen… tiene que ser, si, lo más transparente posible. Ser congruente.


EL PODER DE LA INFORMACION.
En el arte de la guerra, el medio o instrumento más valioso, es la estrategia del engaño: para eso la materia prima es la información, conocer las fortalezas y debilidades de los candidatos. Y sobre todo, la percepción que tenga la gente del candidato. Por ejemplo, AMLO genera confianza de cambio; sin embargo, ciertos sectores de la población, es mesiánico (salvara a México); intolerante, solo él dice la verdad; y no es capaz de delegar, de confiar en otros, centraliza pues el ejercicio del poder.


El político, por costumbre, engaña sobre sus propósitos u objetivos y en su lucha por alcanzar el poder no vacila en soltar lodo, información negativa, sobre los adversarios. Recuerdan aquello de “Es un peligro para México”. En fin, la publicidad negativa, los escándalos mediáticos, descalifican para poder ganar. Lodo, entiéndase, que no hizo mella por ejemplo en Francisco Javier García Cabeza de Vaca por una sencilla razón: el hartazgo de la gente y, cuentan, la traición desde el poder político.


GANAR EL 2018.
Cuentan que, después de las elecciones del 4 de junio, EPN se reunió con los gobernadores priistas: les explico, describió, una estrategia para emocionarlos y que estén convencidos de que el PRI no está perdido en el 2018. Una estrategia que, cuentan, entro en operación en el Estado de México. ¿Que vimos ahí?: negociar con unos, dividir a otros e impedir, así, que el más fuerte triunfe.

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