jueves, 17 de marzo de 2016

EL MURALISTA TAMAULIPECO

Ayer miércoles, a las 5 de la tarde, se escenifico en la Casa del Arte de Ciudad Victoria un emotivo homenaje a Nicandro Puente EguÍa; que fue aprendiz, luego profesor de la institución, y que luego, ya con sus trabajos artísticos, puso en alto en nombre de la misma como de la entidad. Se le conoce como el muralista tamaulipeco, porque nació aquí en 1953, un 16 de marzo.


Digo que fue una ceremonia emotiva porque, Nicandro que falleció en 2005, sobrevive en la mente y las ideas de un buen número de artistas Y AMIGOS, entre ellos, aquellos que lo conocieron ahí en la Casa del Arte. Llego como aprendiz cuando tenía solo 10 años; luego, de 1974 a 1980 fue el maestro del taller de dibujo. Y fue esta época, sin la menor duda, cuando se consolido su visión de la vida, que habría de plasmar en sus pinturas y murales.


Conocí a Nicandro como uno de los Jóvenes Esperanza de la Fraternidad cuando yo cursaba el segundo año de secundaria. Ahí, también estaban, Luis Varela, Pedro Alonso Pérez, Arturo Sánchez Castillo, entre otros. Fue, Nicandro, el líder de la sociedad de alumnos de la Preparatoria Nocturna, en momentos en que se vivió el “Leyes a la UAT”. Luego coincidimos un tiempo, muy poco, en la Universidad.


Y fue ahí, en la casa del Arte, donde en más de una ocasión nos reunimos algunos de sus amigos a conversar, a discutir y analizar sobre libros, sobre los movimientos estudiantiles y, claro, sobre los textos que, en aquel entonces, inundaron las aulas universitarias: El manifiesto del Partido Comunista, El Materialismo Histórico, El Estado y la revolución, entre otros. Libros que, a la postre, marcaron su línea de comportamiento social.


Las obras de Nicandro plasmadas y que son su aporte son: “Tlatelolco, raíz y expresión de México”, “Homenaje a la mujer”, “Tlatelolco 1985: sismo y resurrección”, “Tlatelolco, héroe y mártir de las libertades 1968”. Algunas de sus exposiciones fueron: “Bocetario” en Texas, “Obra reciente” en Madrid y en el Festiva Europalia en Bélgica. Otras fueron: “Dibujo y pintura”, “La luz desnuda” y “Signos Seriales”.


El éxito de Nicandro Puente, su perseverancia, su tesón, pero sobre todo, su talento y creatividad, lo llevaron a tener responsabilidades en el mundo del arte. Fue, por ejemplo, subdirector académico de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” del INBA. Y en 1987 fue seleccionado para el Salón Nacional de Pintura del INBA.


Quienes conocieron a Nicandro pueden entender sus obras, sus pinturas y sus murales. Es significativo que su esposa Mireya Lucero Guzmán, como su hija Tamara Puente, apuntalen que instituciones como la Casa del Arte, donde nació como artista, le hagan este tipo de reconocimiento, de homenaje. Así su obra, sus ideales, reviven y se convierten en una especie de alarma, si, para las nuevas generaciones: la visión de una realidad que requiere ser cambiada, persiste: Tlatelolco, como icono de las libertades, como estigma de la represión, no se olvida.


Emotiva la ceremonia: Manuel Garza Vázquez externo comentarios del tiempo que convivieron en la Casa del Arte; Carlos Sánchez entrego, a la familia, un cuadro (retrato) enmarcados por una balanza y unos pinceles. Pero sobre todo, impacto el video sobre la planeación y realización del mural en el edificio Aguascalientes en Tlatelolco. Sobre el muralista, Manuel González Isas dice: “Se entregó con pasión a la misión del arte, con la libertad de pensar y crear que siempre lo caracterizo. Y ello fue motivo trascendental para cruzar el umbral del arte, hacia otras latitudes”.



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