sábado, 25 de marzo de 2017

CONTRASTES POLITICOS.

El jueves pasado, durante un buen rato, vi y escuche, la sesión de la Cámara de Senadores. Fue todo un espectáculo, el tema era la llevada y traída Ley de Seguridad. Hay unos muy buenos oradores, cuya participación, levantaron humo. Sin embargo, en la mayor parte de los ponentes, parecía que el tema central era Andrés Manuel López Obrador… va a ganar, les dijo Manuel Bartlet, hoy por hoy, senador del PT.


Y este viernes, por las redes sociales, me entere de lo que sucedió en Estados Unidos: de como los republicanos, que son mayoría en ambas cámaras, cancelaron la presentación de la iniciativa de Trump sobre la salud pública: el trumcare para sustituir al obamacare. No lo presentaron, sencillamente, porque había rechazo generalizado y no pasaría.


CENTRALISMO POLITICO.
En México a raíz de que se instauro el centralismo político, con los gobiernos posrevolucionarios, y con la entronización del actual PRI en el gobierno, todo cambio. Y cambio más a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas: destruyo al jefe máximo, a Plutarco Elías Calles, pero instauro en el poder a una institución política, al Partido Revolucionario Institucional.


Y es a partir del presidencialismo, a partir de los años 40´s, que la vida política mexicana giro en torno a las decisiones, a los caprichos, a las veleidades del Presidente de la República, convertido en el fiel de la balanza: para ser diputado federal, senador o gobernador se tenía que tener, decían, el voto del primer priista de México. A partir de ahí, no existió la división de poderes en México, ni en ninguna entidad federativa.


ENSEÑANZA GRINGA.
No sé qué suceda, en Estados Unidos como en México, hay un sistema presidencialista. Sin embargo, en la práctica, observamos que el desarrollo de los hechos políticos son muy diferentes: allá, quiérase o no, de alguna manera funciona un sistema de pesos y contrapesos. Baste recordar como Trump va de una a otra derrota: su política migratoria no ha recibido apoyo total ni de legisladores ni del Poder Judicial. Y ahora, si, ahora con el sistema de salud, fue una tremenda derrota… su partido evidencio que no está al servicio del Presidente.


En México las cosas son distintas. Por ejemplo, ni Fox ni Calderón fueron capaces de sacar adelante reformas, digamos, trascendentes o relevantes; Enrique Peña Nieto lo logro por una circunstancia, la formación de un bloque interpartidista; donde priistas, panistas y perredistas, en primer nivel, negociaron, intercambiaron prebendas y prerrogativas, cabildearon, rechazaron y acordaron, hasta que sacaron temas como la reforma energética.


REPRESENTANTES DEL PODER.
La enseñanza gringa con el tema de la propuesta de salud de Trump es precisamente solo una: los representantes populares, los diputados y senadores, no anteponen los intereses del Presidente a los partidistas: los republicanos no presentaron, ni eso hicieron, la propuesta de salud del Presidente, por la percepción de un rechazo popular. Para no perder, digamos, clientela electoral. Y eso que fue, en campaña, una de las propuestas de Trump.


Y en el caso de los legisladores mexicanos, nacionales como locales, la cuestión es muy simple: para ellos, lo primero, no es el partido, es el poder. El PRD, por ejemplo, está en una crisis, porque piensan en el 2018 y no en los intereses de la sociedad que representan. Y en el caso de los gobiernos locales, es muy simple: la aplanadora en el poder, antes priistas hoy panista, no piensa en la sociedad, no aceptan razones, simplemente siguen los dictados de quien, convertido en el portador del poder político, toma decisiones en razón a sus intereses.


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