viernes, 3 de junio de 2016

EL VOTO EN TAMAULIPAS: DURO, RAZONADO O UTIL.

Tamaulipas está viviendo una elección inédita: por primera vez el PRI enfrenta una oposición real y la probabilidad de una alternancia, la primera en más de 80 años, es real. Inédita también por la presencia de una guerra sucia, donde las propuestas quedan sepultadas con las descalificaciones y las acusaciones. La expectativa, sin embargo, es sobre el abstencionismo: ¿será menor al 50% como en la elección anterior?


La expectativa de los cuartos de guerra, tanto del PRI como del PAN, hace cábalas sobre el grado de participación ciudadana. Para el PAN, si la participación es superior al 50%, tiene la certeza de que pueden ganar alcaldías, diputaciones y hasta la gubernatura. El PRI, en cambio, considera que una participación de ese nivel, será suficiente para triunfar, para retener el poder.


Los datos duros sobre la participación ciudadana son elocuentes en las ultimas 4 elecciones para gobernador: en 1992 voto el 54.90%, en 1998 el 55.88%, en 2004 el 51.76% y en la última, la de 2010, disminuyo hasta el 44.4%. Hay una tendencia a la baja y cuando así sucede, en vista del voto duro que tiene el PRI, obtiene el triunfo.


El problema puede ser planteado en contextos diversos o preguntas: ¿Qué razones motivan a los ciudadanos a no votar? ¿Por qué los partidos políticos son incapaces de emocionar, de incentivar, el incremento de la votación? ¿Por qué la autoridad electoral, con sus promocionales, no impactan en la decisión de votar?


PROBLEMA CULTURAL.

Por lo regular cuando conversamos con una persona, hombre o mujer, sobre las elecciones, cuando nos dice que tiene años de no votar, la pregunta inminente es: ¿Por qué no votas? Y su respuesta, casi inercial, es solo una: ¿para qué, siempre son los mismos, todos son igual de corruptos? La cuestión es que, si esto lo tomamos, como una verdad, ¿Qué hacer, o que, puede cambiar esta dinámica?


Los estudios muestran que la sociedad no está acostumbrada a participar. La encuesta de cultura política (2012) enfatiza, por ejemplo, que más del 60% de la población no tiene interés en participar en la solución de problemas que son comunes, sea en la vecindad, la colonia o el ejido. Si observamos, por ejemplo, otro elemento, como es el público, o la audiencia, se encuentra un fenómeno similar: Price en su texto “Opinión Pública” hace un ejercicio sobre los tipos de público, que trasladamos a nuestros datos.


Hay un público general, en este caso, el 100% de la población que tiene credencial para votar. Mismo que se hace objetivo con el grado de participación en cada elección: 1992: 54.9%; 1998: 55.88%; 2004: 51.76% y en 2010 de 44.4%. Partiendo de la última elección, el público votante será de 44 votantes por cada 100. El público atento, en este ejercicio, el 50% de los que votan son 22; el público activo, es decir, el que participa de una manera consciente (el 15%) vienen a ser 3 o 4 por cada 100.


Los datos nos conducen a una conclusión: el grado de interés por ser participe en problemas de la comunidad va en concordancia con la participación ciudadana. La cuestión es que el grado de participación ciudadana, elección tras elección, va disminuyendo. Para la elección presente, la perspectiva es que se incremente la votación en función a que hay, o se presenta, una opción válida para la alternancia política.


CULTURA DEL FRAUDE ELECTORAL.

Quienes tenemos, por decir, una edad que rebasa los 50 años, que nacimos entre la década de los 50´s y 60´s, conocimos perfectamente la etapa fuerte del presidencialismo mexicano: la etapa que Daniel Cossío Villegas califico como “Monarquía Sexenal Hereditaria en línea transversal” o que Pablo González Casanova describió en su libro “La democracia en México” (19965), donde explica los pilares del presidencialismo, la existencia de caciques y factores reales del poder.


Fue una etapa donde las elecciones las organizaba el gobierno; en la Secretaria de Gobernación (a nivel nacional) o en la Secretaria General de Gobierno (estatal) había una Comisión Electoral. El gobierno era juez y parte, la oposición no contaba. Fue el auge del fraude electoral, como una medida para legitimar, vía elecciones, la elección de los gobernantes.


El fraude electoral, tal y como se conoció, fue un conjunto de acciones que trastocaba el nivel de participación ciudadana: el carrusel, grupos de ciudadanos que votaban en varias casillas electorales; la urna embarazada, introducían votos antes de iniciar la elección, obvio con las complicidades de los funcionarios electorales; embarazar una urna, consistía en provocar un desorden en la casillas en tanto que se aprovechaba para introducir votos; el robo de las urnas, cuando había indicios de una derrota, la gente del candidato se roba la urna ahí donde hay temor de perder; compra del voto, sea vía despensas o por dinero; hacer que los muertos también voten.


El fraude era tal, que por mi trabajo periodístico, en cierta elección un funcionario de casilla me confeso: fue tan poca la votación, que en la casilla hicimos un acuerdo, aplicamos una regla de 3 simple: a todos los candidatos les aplicamos un porcentaje de incremento, en base a la votación real que obtuvieron. Así, todos ganan, los partidos chiquitos hasta diputaciones obtienen.


La respuesta al fraude electoral al paso del tiempo fue: ciudadanización de los órganos electorales; credencial de elector con fotografía y elementos que impiden su falsificación; lista nominal electoral con fotografía, para impedir que unos voten por otros; tinta indeleble al momento de votar… en fin, más y más elementos que, se entiende, van en contra del fraude electoral. Pese a todo esto, el nivel de participación ciudadana no se incrementa, incluso, hasta disminuye: la certeza de más legitimidad en los procesos electorales no ha incrementado la participación ciudadana.


HARTAZGO Y RESPUESTA CIUDADANA.

La realidad de los números indica que, elección tras elección, el partido en el poder, entiéndase el PRI, ve disminuir su porcentaje de votación. En este sentido, si tomamos de referencia lo que sucedió en el periodo de 2000 al 2012 (gobiernos federales panistas) en Tamaulipas hubo repunte del PAN, llegando el PRI a perder las diputaciones federales como las senadurías.


La explicación a los resultados electorales fueron dos: el PRI en todo momento señalo a los delegados federales que operaban los programas sociales con fines electorales, y las fotografías en los medios de comunicación con entrega de despensas fueron reiterativas; en cambio, el PAN, siempre dio otra respuesta: que el PRI recibía un voto de castigo, por el hartazgo y la corrupción, por la impunidad y complicidad.


Efectivamente, hoy en día, se puede decir que hay un hartazgo social. Que se pone en evidencia cuando las evaluaciones, vía encuesta, hace notar que la aprobación de los gobernadores, del Presidente Enrique Peña Nieto como de los gobernadores, anda por el 45%. A esto agregamos datos elementales: el 91% de la población considera corruptos a los partidos políticos; el 83% a los legisladores, sea a diputados y senadores; en tanto que a los servidores el 87% los considera corruptos. Obvio, en Tamaulipas no es la excepción.


TIPO DE VOTO.

Siempre se ha conocido la categoría de “voto duro”. Al menos, desde que tengo memoria, se ubicó que el PRI tenía un voto duro considerable que le permitía ganar las elecciones. Hoy en día, ese voto duro, ha disminuido; la explicación nace a partir de la evolución o dinámica de la población: las generaciones de y cercanas a la revolución mexicana, que vivieron la “revolución con justicia social” creyeron a plenitud la política y las acciones de la “familia revolucionaria”.


Las nuevas generaciones ya no tienen esa identificación con el movimiento revolucionario. Cuando Enrique Blackmore (+) era el líder municipal del PRI en Victoria un día lo entreviste. Me dijo: para llegar aquí siempre paso por ahí, señalando (oficinas del PAN, que estaban a media cuadra) y veo jóvenes, entrar y salir; llego aquí  veo a puras personas mayor que yo. ¡Que diera por tener aquí, a la mitad de los jóvenes que veo allá!


Manuel Montiel Govea es uno de los jefes de prensa con mayor experiencia. Lo fue de dos gobernadores como de un rector universitario, antes de la Cámara de Diputados, de la Secretaria de la Reforma Agraria como de la embajada de México en Italia. Conoce y tiene experiencia. En una conversación me hizo notar el crecimiento del voto duro del PAN. Era el jefe de prensa de Pascual Ruiz, candidato a la alcaldía: el día de la elección al conocer los resultados me lleve una tremenda sorpresa. Habíamos hecho una encuesta y en ella Pascual rebasaba con mucho al candidato del PAN, a quien para muchos resultaba un desconocido. Pensé, vamos a ganar de calle: y me sorprendí por el número de votos que obtuvo. Es un indicio de cómo ha crecido el voto duro del PAN”, palabras más, palabras menos, según las recuerdo.


Hay otro fenómeno que sucede en un proceso electoral: el voto razonado. Expresión que escuche, muchas veces, al periodista Lupe Díaz Jr (+), al autor de la columna “Desde la Capital” que incluso lo escribía: para él, el voto razonado, era votar por un candidato a gobernador, por el candidato a diputado, quizá de otro partido, y así igual con el candidato a la alcaldía. Obvio, explicaba sus motivos y razones, desde que conocía su honradez, no votar de quien conocía las pifias y corruptelas de otro.


Es lo mismo que he escuchado decir para el presente proceso electoral. En un evento del PRI, escuche decir a una abogada: voy a votar en forma razonada. Lo hare por Cabeza, porque ya es impostergable un cambio; por Xicoténcatl (candidato independiente a la alcaldía) porque es un hombre honesto y luchador; y por Carlos Morris, a la diputación local, porque es mi amigo. En otro contexto, a este tipo de prácticas, se le conoce también como “voto cruzado”, a veces practicado por los mismos particos políticos.


Al voto duro, al voto razonado, se agrega el voto útil. Fue Vicente Fox que, como candidato presidencial, saco a relucir el voto útil, para sacar al PRI de Los Pinos. Es un voto pragmático, no tiene nada que ver con plataforma político-electoral, tampoco con la oferta política de un candidato, ni con las promesas de campaña. Solo buscan sacar, quitar, a los que están en el gobierno… Por eso, en esta elección, todos los candidatos del PAN hacen alusión a que “de que se van, se van”, soportando tal coyuntura en el voto útil. No esgrimen que son los mejores, solo que quieren gobernar en lugar de los otros, los que “se van”.


Al respecto Ricardo Anaya, líder del PAN, declara: “invitamos a los ciudadanos a ejercer de manera útil su voto y dárselo a las candidatas y candidatos de Acción Nacional” porque “son los que en todos los estados tienen más probabilidades de vencer al PRI”.


ELECCION, UN VOLADO.

¿Qué está sucediendo con la actual campaña electoral? Si nos basamos en las encuestas, al menos en las que se han hecho públicas en medios impresos, diríamos que la elección es como un volado. Por un lado, dos encuestas ubican al candidato del PRI con 6 puntos de ventaja; en tanto que una, solo una, proporciona datos contrarios, que el PRI pierde con 3 puntos, o sea, que hay un empate técnico. Obvio, priistas y panistas, hacen notar que van a ganar. Los priistas, dicen, no se atemorizan. La empresa encuestadora, que da por perdido al PRI, en la elección anterior en NL, le daba a El Bronco el segundo lugar, se equivocó con 21 puntos


Y la cuestión es que, tomando de referencia a los medios, encontramos que hay dos escenarios. Los medios de comunicación impresos dan mayor cobertura al candidato del PRI, de ahí se puede deducir que es, este candidato, el que lleva la delantera; otra cosa, advierte, son las redes sociales: la denostación en contra del candidato del PRI da la impresión de que son más, si, más, los que no estarían dispuestos a darle su voto. Es cosa que, cada uno, puede constatar.



La decisión final es de los ciudadanos, de aquellos que tienen credencial para votar y que actúan, digamos, con una responsabilidad cívica. El 5 de junio será la encuesta real, la verdadera, la que vale. Vale consignar, por otra parte, que un partido político tiene mayores probabilidades de ganar por su estructura y capacidad de movilización el día de la elección; otros partidos, en cambio, esperan que los electores salgan y vayan a la urna electoral. En este caso, la evolución histórica indica que, en la última elección, solo votaron 44 de cada 100 ciudadanos.

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